jueves, 4 de diciembre de 2008
De la frustración a la confrontación
"Yo recuerdo mi experiencia de asistir a un primer grupo con Perls habiendo oído que era un cirujano, y que era muy directo; uno tenía que estar preparado para dejarse meter el cuchillo y para mí la experiencia más importante con Perls fue simplemente transitar por esa situación. Para mí lo terapéutico de mi primer encuentro con él fue encontrarme con un miedo a la verdad, miedo a que me dijera cosas muy duras y luego hacerme la reflexión: ¿acaso no estoy buscando yo la verdad?, ¿acaso no vengo yo a esto, justamente a esto, a encontrarme con mi verdad?, y de pronto me resultó como “2 + 2 = 4”, que si yo estoy buscando la verdad y él me dice la verdad, por dura que sea, no puede dolerme y yo se lo agradeceré. Y me pregunté entonces: “¡ah! Y si me dice algo que es duro y no es la verdad, ¿podría eso dolerme? Pero ¡cómo va a doler si eso no es la verdad!”
En el link pueden ver el articulo completo
http://www.claudionaranjo.net/pdf_files/training/acerca_de_la-confrontacion_spanish.pdf
sábado, 22 de noviembre de 2008
Un gato bueno
Los gatos tienen paciencia
en la noche oscura.
¿Qué tiene paciencia?
La noche oscura,
que tapa la luna.
¿Qué tiene paciencia?
La luna oscura,
de no verse en la noche oscura.
¿Qué tiene paciencia?
Mi vida entera
Y el arrebato que viene.
Vives la vida y te sorprendes
¡¡¡Que tienes paciencia!!!!
A veces no nos sorprende
y la inquietud transforma la vida
y se hace, y se hace
el miedo, el dolor y se siente.
Se es y que paciencia
la noche oscura
los gatos de nuevo
y respiro el amargo
y respiro las risas.
Boto la vida.
Tiro la alegría.
Me vivo la vida,
y digo que un día,
me iré conmigo.
Y siempre estaré contigo
Que siga la vida.
Volvemos siempre al mismo árbol.
lunes, 28 de enero de 2008
Los niños y niñas sololópodes

Fue en ese momento que escuche el murmullo de estos niños y me acerqué de manera transparente, me paré frente a ellos y les conté sobre la niñez en la tierra de los sololópodes. Les dije por ejemplo que cuando me hicieron nacer había otro mundo distinto al que hay ahora, los niños no queríamos vivir siempre en ese estilo de vida, no por que lo detestáramos, solamente pretendíamos una vida hecha a nuestra pinta. Recuerdo que tenía 15 años cuando junto a unos amigos hicimos el curso “vivir con niños”, el que tenía como fin compartir con ellos para que conocieran el mundo, fueran cuidadosos y amaran. El oficio consistía en estar con el niño, llevarlo a pasear por el bosque, las praderas y en cada momento estar pendiente de los descubrimientos. Por otro lado uno aprendía a proteger y ser afectivo con un niño, además de conocer sus procesos de desarrollo. Es un ramo que vale la pena tomar, los niños son hijos de personas que tienen que trabajar, así que no los pueden cuidar todo el día. Los sololópodes pensamos que la mejor manera de solucionar esto era cooperar unos con otros, y fue por eso que creamos este curso. Los responsables del cuidado de los niños eran jóvenes que pretendían ser padres en el futuro. Los viejos que han sido grandes papás ayudaban a estos muchachos a realizar el trabajo. En este taller opiné diferente a los maestros, por mi parte no creía que hubiese que estar tan atento a un niño, dije que ellos venían con una inteligencia predispuesta al riesgo. En cambio los profesores planteaban que había que estar muy atento a los “bebés” para no correr peligros. Ambas posturas eran diferentes y válidas, por lo tanto de las dos había algo que rescatar, y así todos aprendimos que sobreproteger a un niño provoca limitarlo en su descubrimiento natural, y que al descuidarse se corre un riesgo vital en la persona que recién esta cumpliendo y frustrando sus necesidades.
Este es un ejemplo de cómo se fue enriqueciendo esta manera de cuidar a los pequeños, adoptando distintas visiones. Esto por su puesto no debe necesariamente ser un pensamiento para que las generaciones venideras lo acepten.
Las culturas se heredan y es vital que ese legado se convierta para poder regenerarse como civilización y no perderse en el pasado. Los viejos saben que las cosas tienen que cambiar, en algún momento también así lo quisieron, cuando eran jóvenes anhelaron una vida con sentido propio, el que muchas veces descansa en las buenas decisiones que han tomado los ancianos de la aldea.
Ambos niños escuchaban felices lo que les decía, pero se volvían a angustiar cuando recordaban su casa y la manera de relacionarse con los adultos. Ellos contaban que se sentían culpables cuando contradecían las órdenes de sus padres, los castigos eran pan de cada día y estar aquí perdidos iba a ser motivo de represión.
Al ver el miedo en sus ojos se me ocurrió la idea de llevarlos a vivir por un tiempo a la aldea de los sueños, así siguieran conociendo un trozo de vida. Además sabía que de esta manera, sus padres que habían descuidado a sus hijos, emprenderían la búsqueda. El propósito era tenerlos a los dos en este mismo lugar y hablarles al oído, entrar en sus ojos con mucho cuidado y cariño, para que imaginen la vida de los sololópodes y vean a sus hijos felices en un mundo impensable.
domingo, 13 de enero de 2008
Fluxiós música de sololópodes
Antes de que compartieran su conocimiento y descubrimientos musicales construyeron el cuenquen, instrumento de percusión, que les servía para emitir los ruidos inventados, tun pa tun tun cun pa sonaba, y la gente dichosa durante las fiestas movía las caderas y las piernas, cada brindis era para agradecerle a los Fluxiós la creación de la música y del lenguaje de la vidriación. Como también haber aprendido a usar partes de su cuerpo como las palmas y la boca, con ella imitaban a los animales, a los árboles, y el silbato melódico del aire.
La gente de la aldea conoció la manera de cantar y hacer música, pese a que no era fabulosa como la de los Fluxiós, podíamos improvisar canciones que nos entretuvieran. Al retratarles a los ancianos ésta historia, tome unos palos, los rocié con un líquido y acerque mi antorcha. Cuando las llamas se encendieron otros sololópodes se acercaron, y empezamos a cantar. Por nuestras gargantas y bocas sonaba el viento y la lluvia, con nuestras palmas hacíamos ruidos de relámpagos. Los dos viejos animados por la onda se pusieron a cantar, aplaudir y bailar en los coros.

Los Fluxiós enseñaban muy bien a disfrutar los sonidos, y al juntarse los más interesados por estos compases, exploraban la naturaleza de la música. La que estaba influenciada por los ruidos de la montaña y las quebradas; el viento y el armónico canto de los pajaritos en el bosque.
Los sonidos que los instrumentos imitaron surgieron de las burbujas del sentir, era la música que su propia realidad les permitía. Nunca una melodía fue igual y cada canción tenía los sonidos de una fantasía personal. Este es un ejemplo de aprendizaje, pero cada persona de este pueblo sabe algo, y lo comparte con los demás. Es la manera de intercambiar conocimientos con un particular apreció por quien aprende, por el que enseña, y sucede que los roles no son fijos
Cuando dejó de sonar el fuego y la música se apagó en la alta cumbre, me retiré. Los viejos se quedaron solos, se petrificaron en la noche transformándose en rocas. En la mañana les cayó el rocío, y al salir el sol sus cuerpos de piedra se derritieron, ahora su forma era más pequeña y su piel más tierna. Definitivamente los viejos ya no eran viejos sino niños que jugaban.