Antes de que compartieran su conocimiento y descubrimientos musicales construyeron el cuenquen, instrumento de percusión, que les servía para emitir los ruidos inventados, tun pa tun tun cun pa sonaba, y la gente dichosa durante las fiestas movía las caderas y las piernas, cada brindis era para agradecerle a los Fluxiós la creación de la música y del lenguaje de la vidriación. Como también haber aprendido a usar partes de su cuerpo como las palmas y la boca, con ella imitaban a los animales, a los árboles, y el silbato melódico del aire.
La gente de la aldea conoció la manera de cantar y hacer música, pese a que no era fabulosa como la de los Fluxiós, podíamos improvisar canciones que nos entretuvieran. Al retratarles a los ancianos ésta historia, tome unos palos, los rocié con un líquido y acerque mi antorcha. Cuando las llamas se encendieron otros sololópodes se acercaron, y empezamos a cantar. Por nuestras gargantas y bocas sonaba el viento y la lluvia, con nuestras palmas hacíamos ruidos de relámpagos. Los dos viejos animados por la onda se pusieron a cantar, aplaudir y bailar en los coros.

Los Fluxiós enseñaban muy bien a disfrutar los sonidos, y al juntarse los más interesados por estos compases, exploraban la naturaleza de la música. La que estaba influenciada por los ruidos de la montaña y las quebradas; el viento y el armónico canto de los pajaritos en el bosque.
Los sonidos que los instrumentos imitaron surgieron de las burbujas del sentir, era la música que su propia realidad les permitía. Nunca una melodía fue igual y cada canción tenía los sonidos de una fantasía personal. Este es un ejemplo de aprendizaje, pero cada persona de este pueblo sabe algo, y lo comparte con los demás. Es la manera de intercambiar conocimientos con un particular apreció por quien aprende, por el que enseña, y sucede que los roles no son fijos
Cuando dejó de sonar el fuego y la música se apagó en la alta cumbre, me retiré. Los viejos se quedaron solos, se petrificaron en la noche transformándose en rocas. En la mañana les cayó el rocío, y al salir el sol sus cuerpos de piedra se derritieron, ahora su forma era más pequeña y su piel más tierna. Definitivamente los viejos ya no eran viejos sino niños que jugaban.
3 comentarios:
Hola después de harto tiempo volví a subir algo, les prometo que la pa la otra si que no me demoro tanto. Por lo mismo sería bueno que leyeran la publicación, para recordar algunas cosas.
Un abrazo grande y espero que les guste.
buen cuento, se los conte a los pitus pero no cacharon mucho, les gusto la foto, a mi me gustaron los dos.
esperamos otro.
saludos
vale y pitus
Hola amor!!
Me encantó el final, pero ahora tienes que cumplir tu promesa del post anterior y publicar pronto la tercera parte. Sé que tus lectores están ansiosos por conocer qué pasó con esos viejos que de un momento a otro ahora son niños...
Y quien sabe si en el sur encontramos a los sololópodes, en una de esas existen y nos están esperando...
Besitos!!!!!!!!!
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